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Silvia Brandon Pérez
Estados Unidos
Los miserables
Doña Leonor, retirada ya hace cuchocientos
años, recibe su pensión alimenticia
mensualmente, y compra cuidadosamente
siete muslos de pollo, paquetes de lentejas
y frijoles colorados, y alguna que otra lata
de atún en conserva; a veces los melocotones
están a dos por un peso y siempre las pastas,
macarrones, espaguetis o cualquier cosa
parecida, caben en el presupuesto del retiro.
Por lo cual en el mes en que se pierde el cheque
y la joven de las oficinas le dice que tienen
que investigar el porqué del no recibo,
que puede demorar de tres a seis semanas,
y mientras tanto qué si se han terminado
los muslos de pollo, los frijoles negros
o colorados, el pan nuestro de cada día,
así que en aquel establecimiento de la esquina
cuando Doña Leonor decide tomar prestado
un paquete de galletas, que con el té diluído varias veces
ayudará a aguantar ese hambre estúpida
que roe el intestino grueso y el delgado,
la policía la empuja, la esposa,
le sacan fotos y huellas digitales,
y el abogado
de oficio la convence de que mejor se declare culpable porque lo cortés no quita lo valiente...
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